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Latinas in Tech Policy - Parte 2

Updated: Aug 28, 2023

Por Luz Elena González, Alejandra Glía Sánchez y Mariana Lazos del equipo PIT Policy Lab

La ciencia y la tecnología tienen un papel fundamental en la transformación de la sociedad y la economía. No obstante, uno de los obstáculos para esta transformación es la persistencia de brechas de género en el campo. Las desigualdades de género se encuentran presentes en las diferentes etapas del desarrollo e implementación de las políticas de tecnología. Aunque actualmente existe un creciente número de mujeres líderes en el mundo de políticas de tecnología, su labor, avances e innovaciones no suelen ser debidamente reconocidas, especialmente en México, Latinoamérica y el Caribe. Por esto, PIT Policy Lab busca aumentar la visibilidad de algunas mujeres en el sector, a través de la iniciativa Latinas en Tech Policy.

En esta edición, hemos recopilado las experiencias de siete mujeres líderes en el ámbito para compartir con personas interesadas en la Tecnología de Interés Público y las políticas de tecnología, para aumentar el conocimiento sobre el campo laboral existente y la trayectoria de mujeres en él.


Salma Jalife - CEO de Centro México Digital

Salma es Ingeniera en Computación por la UNAM. Como estudiante, se involucró en el mundo de las políticas públicas: fue parte del equipo técnico que desarrolló una red de telecomunicaciones moderna para la universidad. Esta fue la primera vez que se transformó digitalmente el sistema telefónico de la UNAM e implicó una gran obra de ingeniería. Al mismo tiempo, durante la década de 1990, la UNAM impulsó que México se incorporara a la naciente red BITNET, que después se convertiría en lo que hoy conocemos como Internet.


A lo largo de su trayectoria, Salma se ha sentido inspirada por algunos de sus jefes, investigadores que le contagiaron su pasión por la ciencia y la tecnología. Su primer trabajo fue en el Centro de Instrumentos en la UNAM, un espacio de desarrollo de productos de ingeniería donde tuvo la oportunidad de trabajar con Manuel Estévez, Ramón Díaz Nava y Kent Brailovsky, y posteriormente en la Dirección General de Servicios de Cómputo Académico con el Dr. Víctor Guerra.


Posteriormente, Salma estudió una Maestría en Telecomunicaciones en la Universidad de Boulder, Colorado. Este programa combinaba la ingeniería y la política, regulación, economía y finanzas de las telecomunicaciones: “Eso me permitió tener un panorama más amplio como ingeniera”, comparte.


A su regreso a México, Salma inició su carrera como hacedora de políticas públicas cuando fue invitada a participar como asesora en la Subsecretaría de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Ahí se encargó de analizar y estudiar el posicionamiento de las nuevas tecnologías en México.


En un ámbito principalmente compuesto por hombres, Salma, con el apoyo de su familia y amistades, fue creciendo en la medida que se lo fue proponiendo: “Algo que nunca he pensado es si soy mujer o no”, comenta.


En la Subsecretaría, Bruno Ramos Maza, su jefe fue un líder creativo y observador. En este lugar aprendió a convivir con la visión política y con el reto de los cambios de Subsecretarios y Administraciones. En 1996, Carlos Casásus, Subsecretario de Comunicaciones y primer presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, la invitó a ocupar el puesto de Coordinadora General de Asuntos Internacionales de la Comisión. En este rol, Salma se involucró en negociaciones sobre las nuevas tecnologías y espectro radioeléctrico dirigiendo algunos comités y grupos en foros internacionales.


Formó un equipo de jóvenes de distintas disciplinas (economía, ciencias políticas, relaciones internacionales, derecho e ingeniería) capacitándose diplomáticamente para responder a las negociaciones internacionales y trabajar de cerca con la Secretaría de Relaciones Internacionales. Este hito en su carrera le brindó reconocimiento internacional.


Más tarde fue nombrada Comisionada de la Cofetel, donde trabajó con los temas de normalización y evaluación de la conformidad de las tecnologías, así como en la publicación de la resolución para las bandas de uso libre. Salma también ocupó el puesto de Subsecretaria de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico en 2018 donde consolidó la red de 32 Centros de Inclusión Digital mediante la creación de un Marco de Habilidades Digitales.


Recientemente, fundó Centro México Digital, asociación sin fines de lucro, creando el primer índice a nivel subnacional para medir el desarrollo digital Índice de Desarrollo Digital Estatal para apoyar a las personas tomadoras de decisiones y a la industria en la focalización de esfuerzos de transformación digital y digitalización.


Para Salma, es importante contar con un amplio conocimiento del sector y de política tecnológica ya que es un ámbito dinámico y de rápida evolución: “El desarrollo tecnológico siempre va de avanzada con respecto a los marcos regulatorio y legal que lo tratan de alcanzar”, menciona. Adicionalmente, se debe tener un pleno conocimiento de las tecnologías, sus características y beneficios. Salma también destaca que es necesario rodearse de un grupo de trabajo multidisciplinario. Al final, “es importante tener una visión amplia y holística de las tecnologías para saber cómo pueden satisfacer las necesidades de las personas y que permita la toma de decisiones”.


Como consejo, ella comenta que es fundamental ser curiosos: “Es muy importante cuando una toma decisiones de política pública en tecnológica saber efectivamente cuáles son los beneficios y también los riesgos al implementar una tecnología”. Adicionalmente, recomienda trabajar con pasión, ética y respeto, así como buscar la colaboración y el aporte de ideas de todo nuestro equipo de trabajo: “Una no tiene la verdad absoluta”.


Finalmente, resalta que debemos tomar en cuenta a todos los actores interesados porque “nos aportan distintas perspectivas sobre una misma problemática que nos permite dar soluciones holísticas, integrales e inclusivas cuando se utilizan desarrollos tecnológicos”.


Andrea Fernández - Científica de datos en INEGI

Andrea estudió dos licenciaturas en el ITAM, una en Matemáticas y otra en Ciencia Política. Durante sus años universitarios, fue asistente de investigación y a través de esta experiencia, notó las oportunidades que existían para la automatización de procesos y el uso de la estadística en el estudio de fenómenos sociales. Ella advierte que a pesar de que la tecnología puede facilitar muchas cosas, también puede opacar información o procesos de los cuales las personas tomadoras de decisiones no están conscientes. Sin embargo, cree que vivimos en un mundo en el que ninguna profesión va a ser ejercida sin al menos un poco de tecnología, y es necesario adaptarse.


En su actual cargo como Científica de Datos en el INEGI, está a cargo de la publicación de la información en el sitio y de las herramientas tecnológicas detrás de este, y de los servicios de atención a las personas usuarias. Es este último el que presenta un mayor reto, pues se trata de cómo hacer las plataformas y visualizaciones más accesibles, para que las personas puedan acceder y entender mejor la información, y no solamente proporcionarles los datos. Andrea no ve la accesibilidad de la información como algo cumplido o como algo que algún día va a cumplirse, sino más bien como una visión a la que siempre se debe aspirar.


Andrea cuenta que entre las cosas que le gustan de trabajar en el INEGI es la diversidad de perfiles que hay dentro de la organización. Su equipo está compuesto por personas expertas en temas desde biblioteconomía hasta ingenierías en computación. La segunda cosa que le gusta es que puede derivar motivación de preguntarse “¿para qué estamos haciendo esto?”. El “para qué” de Andrea es construir el bien público a través de crear y mejorar infraestructura que pueda servirle a las personas para tomar mejores decisiones en su vida diaria, esto gracias al uso de buena información.


Con una amplia experiencia en el campo de las políticas de tecnología, Andrea cuenta que hace diez años pasaban situaciones que no necesariamente se cuestionaba, y por lo tanto aceptaba. Por ejemplo, que a los profesores de matemáticas se les refería por sus apellidos, pero a las profesoras por sus nombres de pila. Ella comparte que a lo largo de su vida profesional aceptó muchas cosas que no eran óptimas, y que es posible que se haya mimetizado de más, sin embargo le gusta ver que las cosas están cambiando y que hay muchas situaciones que ya no son permisibles, y hay mayor poder de resistencia por parte de las mujeres en distintos espacios. Andrea también ha notado una diferencia en las expectativas entre hombres y mujeres, existiendo estándares más altos para las mujeres. Este fenómeno es algo que no solo se da entre hombres y mujeres, sino que es algo con lo que las mujeres tienen que luchar entre ellas e incluso de forma intrapersonal.

De igual manera, su experiencia en el campo se vió influenciada por varios modelos a seguir. Algunos de ellos fueron sus primeros jefes, pero quienes más han marcado su vida han sido sus amigas. Siempre se ha sentido apoyada y guiada por ellas, y la han ayudado a sobrellevar espacios donde hay muy pocas mujeres.


El consejo que tiene para otras mujeres que estén interesadas en el campo es que “cuando lleguen a un espacio en donde el cambio mencionado anteriormente no es el común denominador, si les es posible, salgan de ahí y denuncien”. Andrea no cree que vale la pena aguantar esas situaciones, y que existen espacios en donde hay respeto a las mujeres, y donde podemos desarrollarnos profesionalmente. También entiende que la oportunidad de salir está supeditado a tu nivel de privilegio, y que hay mujeres que no pueden permitirse dejar un trabajo sin más. Por ello, en caso de no simplemente poder salir, ella recomienda ser estratégicas, quizás tomar el tiempo de aguantar un rato y a la vez buscar otro trabajo, pero que no lo acepten o normalicen.


Finalmente, Andrea nos invita a construir espacios para que las nuevas generaciones no les toque vivir las cosas que a nosotras nos tocó vivir que no estuvieron bien, y a mantenernos dispuestas a escuchar cuando alguien nos dice que algo está mal en nuestro equipo u organización, para hacer algo al respecto.


Mar Santos Ayala - Product Policy Lead en TikTok

Mar estudió la carrera de Gobierno en la Universidad de Georgetown, en D.C. Durante ese tiempo, el boom de las startups influenció el contexto de su formación, y le permitió exponerse a las nuevas ideas y acercamientos a la política pública, en su intersección con las tecnologías.


Al graduarse, trabajó como servidora pública en el equipo del presidente del Congreso del Estado de Nuevo León, donde aprendió sobre procesos legislativos en temas diversos, desde seguridad hasta transporte. Este último, le permitió especializarse en análisis legislativo, relaciones con gobierno e incidencia, que le serían útiles en su siguiente paso profesional en Uber; así fue como llegó al mundo de la tecnología. Allí, trabajó en innovación social en el estado de Jalisco, en la implementación de estrategias de seguridad para choferes y personas usuarias, y en las condiciones de desarrollo de la economía gig.


Cinco años después, Mar trabajó en el área de política pública en Netflix, con actores de sectores nuevos, como productoras de contenido, y la Secretarías de Cultura y de Economía. Hoy, en Tiktok, se desenvuelve como Líder de Políticas de Producto, donde combina las herramientas y conocimientos que ha acumulado en sus otros espacios de trabajo. La línea que guía la trayectoria de Mar es apostarle a sus fortalezas y lanzarse con seguridad.


Mar reconoce que navegar el mundo corporativo puede ser difícil, y es necesario aprender a procesarlo y levantarse; una lloradita y a seguirle. Esto también aplica en la comparación con las trayectorias y habilidades de otras personas, pues “cada una lleva un camino propio, que no está determinado por las revisiones de desempeño, las certificaciones, las promociones, ni los títulos”. Además, considera necesario “reconocer la limitación de nuestro impacto en la implementación de políticas para transformar condiciones estructurales”. Sin embargo, juntar a las personas indicadas con las condiciones correctas para incidir positivamente le inspira a seguir en el día a día.


Como consejos, Mar enfatiza la necesidad del networking y las relaciones laborales para avanzar profesionalmente; "la cercanía y el trabajo efectivo nos gana aliadas y aliados”. Además, admirar pequeños detalles del buen trabajo de las demás personas le ayuda a recolectar aprendizajes de cada persona con la que trabaja. Desde escribir el mejor correo electrónico, hasta presentar y comunicarnos con seguridad, permitirnos competir con nuestra capacidad de hacer las cosas bien nos acerca a contar con los elementos necesarios para hacer apuestas arriesgadas en nuestra carrera profesional.


Adriana Labardini - Proyectos especiales y Junta Directiva en ex- IFT

Cuando Adriana era niña le gustaba la biología, la naturaleza y la astronomía. Su generación fue testigo de la llegada del hombre a la luna, en el mismo tiempo que crecía la industria de la televisión en México desde lo gubernamental y lo privado, donde su padre trabajó. También recuerda tener un interés en las condiciones de desigualdad que identificaba en su contexto; creció en una zona rural de la Ciudad de México, en Cuajimalpa, antes de la construcción de muros que separan las colonias en privadas o cotos. A través del estudio de las ciencias sociales en la preparatoria empezó a interesarse por la disciplina del derecho, y hoy considera que este es un conducto para canalizar el conocimiento, la ciencia y la tecnología a más personas, así como para cambiar el pacto social de los costos y beneficios de la transformación digital.


Adriana estudió en la Escuela Libre de Derecho, con la convicción vigente de poder generar un cambio social. En 1986, el proyecto para lanzar el primer sistema de satélites de telecomunicaciones mexicanos “Morelos” fue la oportunidad para combinar sus perspectivas en tecnología y regulación. Este hito implicó una alineación con el Derecho internacional, la implementación de regulación de las telecomunicaciones, y la creación de un régimen constitucional sobre ellos. En un mundo previo al internet, hizo la maestría en la Universidad de Columbia, donde aprendió de Eli Noam, quien dirige el Columbia Institute of Tele-information. Adriana se refiere con admiración al ingenio de este autor, y reconoce su influencia en la formación de su pensamiento técnico sobre la política pública de la tecnología. Con ello, también nos recuerda que para incidir en política pública de productos y servicios tecnológicos hay que tener una comprensión adecuada de su funcionamiento; las entrañas, las tripas de la ciencia y la tecnología son fundamentales para poder argumentar su uso para el interés público.


Para Adriana, estamos en el momento indicado de generar un efecto multiplicador para sembrar el interés en las disciplinas STEM entre las niñas y adolescentes, crear habilidades digitales fundamentales en ellas, y fomentar las redes de impulso profesional multidisciplinario. La red de mujeres mexicanas en tecnología CONECTADAS es uno de los espacios desde los que avanza estos objetivos. La visión de la organización es que la sociedad habilite la prosperidad de hombres y mujeres, y que la tecnología no sea un obstáculo para ello, sino una herramienta. Actualmente se encuentran discutiendo el plan de trabajo para la organización, para promover políticas públicas que avancen la inclusión de mujeres en la toma de decisiones del ecosistema digital desde la academia, sector privado, sociedad civil y gobierno. Para ello, analizan cinco capas de la desigualdad de género: sistémica, institucional, colectiva, interpersonal e individual; e identifican qué acciones y alianzas pueden realizarse para incidir en las capas con el mayor impacto.


Adriana enfatiza que los edificios no se construyen de arriba hacia abajo, y la política pública tampoco. Por un lado, porque el mundo corporativo retoma las dinámicas patriarcales en su intento por empoderar a las mujeres, ofreciendo la oportunidad a un número selecto de mujeres de incidir en la toma de decisiones, pero sin una verdadera horizontalidad del liderazgo. Luego, porque las políticas de gobierno que se implementan sin evidencia cualitativa de las necesidades de las personas a las que impactan son, en efecto, una imposición y definición arbitraria de lo que para una administración u otra es lo correcto, según sus intereses. La construcción de redes, políticas, software libre, y soluciones para los problemas actuales tendrá que ser colectiva, compartida y horizontal.


Adriana esboza tres consejos para las mujeres profesionistas en políticas de tecnología para entender el mundo y avanzar profesionalmente con intuición, disenso y curiosidad como motores. Primero, debemos escuchar nuestra inteligencia más afinada, la intuición, para aconsejar la toma de decisiones; si vamos a escuchar consejos, que el primero sea el nuestro. Segundo, atrevernos a disentir y evidenciar las exclusiones, violencias y desigualdades con las que no estamos de acuerdo, porque calladitas no nos vemos. Finalmente, entrenarnos para ver aprendizajes en culturas, disciplinas y retos diversos crece nuestra capacidad de asombro, y con ello nuestra capacidad de desafiar las propias fronteras.

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