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Latinas en Tech Policy 2026 - Parte 1

  • Apr 21
  • 10 min read

Updated: 3 days ago

Por Mónica Salcido Varela y Ana Paola Horta Caballero


SOBRE LA INICIATIVA


La ciencia y la tecnología tienen un papel fundamental en la transformación de la sociedad y la economía. No obstante, uno de los obstáculos para esta transformación es la persistencia de brechas de género en el campo. Las desigualdades de género se encuentran presentes en las diferentes etapas del desarrollo e implementación de las políticas de tecnología. Aunque actualmente existe un creciente número de mujeres líderes en el mundo de políticas de tecnología, su labor, avances e innovaciones no suelen ser debidamente reconocidas, especialmente en México, Latinoamérica y el Caribe. Por esto, PIT Policy Lab busca aumentar la visibilidad de algunas mujeres en el sector, a través de la iniciativa Latinas en Tech Policy.


En esta edición, hemos recopilado las experiencias y trayectorias de nueve mujeres líderes en el ámbito, para visibilizar y subrayar la importancia de su trabajo, así como para compartirlo con otras mujeres jóvenes interesadas en incursionar en el mundo de la Tecnología de Interés Público y las políticas de tecnología. De esta manera, buscamos que este proyecto nos sirva para aumentar el conocimiento sobre el campo laboral existente y la trayectoria de las mujeres líderes en el campo de la tecnología.


MOEMA DUTRA FREIRE

Especialista de Políticas de Gobernabilidad Inclusiva en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

BRASIL

“Es importante que la tecnología siga desarrollándose para ampliar accesos, no brechas”.

Moema Freire estudió una licenciatura en Relaciones Internacionales. Posteriormente se tituló de la maestría en ciencia política y tiene un doctorado en sociología, con enfoque en justicia y reducción de la violencia. Moema enfatiza que con nuestras trayectorias académicas y profesionales podemos contribuir a las políticas digitales desde una perspectiva multidisciplinaria. 


Moema describió su trabajo actual en el Centro Regional de PNUD para América Latina y el Caribe, como un rol de liderazgo en políticas públicas que ha sido de mucha satisfacción personal, pues se ven resultados concretos a nivel territorial con el trabajo que hacen. Su trabajo es brindar atención y asistencia técnica a todos los países de la región, en específico, desde un punto de vista de la conexión entre la gobernanza inclusiva y la regulación tecnológica, asegurando que las políticas tecnológicas promuevan la inclusión y el desarrollo humano. Anteriormente a su rol actual, también ha liderado grandes proyectos de transformación digital en instituciones públicas.


Considera que el sector puede representar varios retos al ser predominantemente masculino. También destaca que uno de sus principales retos profesionales fue aprender a traducir los desarrollos tecnológicos en "resultados concretos a nivel territorial" para la vida de las personas, lo cual más que un reto, hoy ve como una oportunidad para fortalecer la conexión entre expertos en tecnología, gestores de políticas y la ciudadanía.


Para Moema, lo importante del desarrollo tecnológico es tener un enfoque de inclusión social para evitar que las brechas de acceso empeoren los resultados para las poblaciones vulnerables. Parte del desarrollo tecnológico es escuchar a los beneficiarios de las tecnologías y comunicar de una forma más comprensible los beneficios que la utilización de dichas tecnologías puede brindar a las sociedades más vulnerables.


Durante su carrera, se vio inspirada por muchas mujeres. Más que nombrar a una sola figura de inspiración, menciona que son muchas líderes, tanto al interior de la ONU como al exterior, las que la han inspirado, con su empatía, gentileza y capacidad de lograr resultados sólidos. Este tipo de liderazgo la inspira a seguir con propósito como mujer en este sector. 


Actualmente, Moema tiene un rol que se centra en la planificación de la estrategia de política pública, ayudando a las organizaciones a ver la tecnología como un acelerador dentro de una estrategia de desarrollo más amplia. Destaca que el PNUD está impulsando iniciativas regionales de gobernanza digital, cuyo objetivo es la colaboración, fortalecer alianzas y discutir los “mínimos comunes necesarios” en términos de política pública y gobernanza digital con un marco de desarrollo humano e inclusión. También destaca que es importante avanzar en las discusiones sobre nuestra necesidad de desarrollo como región. 


Un consejo que Moema nos da es que “hay que acostumbrarse a estar cómoda con no estar cómoda”. Esto implica tomar riesgos en espacios masculinos, que requieren del emprendimiento de mujeres. También enfatiza que son necesarias más voces de mujeres jóvenes en el campo, que aporten una visión más integral, inclusiva y con significado hacia el futuro. 


STEVIE DUNNING

Consultora e investigadora en Movilidad Humana

MEXICO - ESTADOS UNIDOS

"La frontera hoy también es digital".

Stevie se dedica a estudiar cómo la infraestructura digital está redefiniendo la ciudadanía y la gobernanza de la movilidad humana en América del Norte. Es Licenciada en Estudios Publicitarios Comerciales, de Cultura y Deporte con una especialidad en Kinesiología por la Universidad de Maryland, Estados Unidos y cuenta con una maestría en Resolución de Conflictos de Sociedades Divididas por King’s College, en el Reino Unido.


Nació en Texas y creció en una región profundamente conectada con México. Desde 2016 trabaja en temas ligados al corredor Migratorio México-Estados Unidos. Inició su trayectoria en el ámbito de migración y acceso a la justicia, especialmente con poblaciones transnacionales bajo protección humanitaria. Con el tiempo, observó que distintos procesos migratorios dejaron de gestionarse exclusivamente en fronteras físicas y comenzaron a operar también a través de infraestructuras digitales, como la aplicación CBP One, campañas de comunicación del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos en redes sociales y el uso de datos y algoritmos para organizar procesos migratorios y flujos de información entre personas en tránsito.


Considera que el uso de tecnologías digitales fue muy evidente durante el aumento de los flujos migratorios en Oaxaca entre 2023 y 2024, donde prestó asistencia técnica a  organizaciones locales y posteriormente como asesora externa en una iniciativa estatal de prevención del desplazamiento. A partir de esta experiencia, orientó su trabajo hacia la gobernanza digital y la ética tecnológica y desarrolló Driftline, una iniciativa que conecta experiencias migratorias con visualización de datos territoriales e historias locales.


Driftline mapea poblaciones migrantes y de retorno en México para comprender cómo los corredores migratorios vinculan municipios entre México y Estados Unidos en orden para ofrecer una lectura más completa de los territorios, el sentido de pertenencia y las oportunidades de retorno, inversión comunitaria y resiliencia económica tanto para las personas migrantes como para las comunidades de origen y destino. Ella sostiene la idea de que “la frontera hoy también es digital”.


Su investigación analiza cómo la tecnología influye en los comportamientos de las personas en tránsito y cómo las infraestructuras digitales y físicas interactúan en la prestación de servicios públicos. También trabaja en visualización de datos sobre poblaciones en retorno y programas de reintegración, y cuenta con un especial interés en el diseño de servicios públicos digitales más dignos, seguros y accesibles.


Lo que más valora del campo de las políticas tecnológicas es su carácter interdisciplinario, al integrar tecnología, políticas públicas, ciencias sociales y trabajo comunitario. Desde su perspectiva, todavía estamos en una etapa de definición sobre cómo gobernar estas tecnologías, lo que abre oportunidades para la innovación responsable y la construcción de acuerdos entre sectores con nuevas estructuras de gobernanza. Sin embargo, señala como desafío que el sector tecnológico suele privilegiar soluciones técnicas sin suficiente comprensión del contexto social e institucional, lo que puede reproducir desigualdades y limitar el acceso de nuevas personas interesadas en participar en este ámbito.


Actualmente enfoca su trabajo en tres áreas principales:


  • Gobernanza digital entre jurisdicciones, ya que muchas tecnologías que afectan la migración operan a escala regional mientras las instituciones continúan organizándose dentro de marcos nacionales.

  • Infraestructura digital pública, incluyendo aplicaciones y sistemas que determinan el acceso a servicios básicos y que requieren nuevos modelos de integración institucional.

  • Alfabetización tecnológica y seguridad en el manejo de datos, con el objetivo de que las comunidades comprendan estas herramientas, puedan utilizarlas críticamente y participen en su diseño.


En cuanto a mujeres que admira, Stevie menciona a Marion Stokes, la archivista afroamericana que durante 35 años se dedicó a grabar televisión estadounidense, entendiendo desde muy temprano que los medios y la información son infraestructuras de poder y memoria pública. También admira a mujeres que trabajan en bibliotecas, archivos comunitarios y periodismo local, porque muchas veces son quienes sostienen el acceso al conocimiento en sus comunidades.


Como consejo para mujeres jóvenes interesadas en el campo de políticas tecnológicas, subraya la importancia de estudiar no solo las herramientas, sino los contextos en los que se implementan, ya que la tecnología se implementa dentro de culturas, instituciones y territorios diferentes y específicos. Afirma que no es necesario ser ingeniera o programadora para participar en este sector, ya que se requieren perspectivas interdisciplinarias y más voces que entiendan los contextos locales. También recomienda aprender otros idiomas, conocer comunidades distintas a la propia y mantenerse informadas sobre los cambios tecnológicos para no sentir miedo frente a ellos.


MARÍA HERNÁNDEZ JURADO

Investigadora en ética y política pública de la IA & cofundadora de The Algorithmic Majorities Project

COLOMBIA

"Adaptar la tecnología al problema, no el problema a la tecnología."

María es investigadora en temas de ética y política pública de la inteligencia artificial. Es licenciada en psicología por la Universidad de los Andes (Colombia) y cuenta con una maestría en Ética de la Inteligencia Artificial, Datos y Algoritmos por la Universidad de Cambridge.


Para María, fue un poco inesperada su elección de carrera, porque a ella le gustaban y se le daban bien las matemáticas, pero el componente social de la psicología le atrajo y le hizo interesarse en las ciencias sociales. Comenzó su trayectoria profesional trabajando con la Unidad para las Víctimas del conflicto armado colombiano, donde apoyó el diseño de intervenciones psicosociales. Posteriormente colaboró con la Casa de la Mujer, brindando atención a mujeres sobrevivientes de violencia de género. Estas experiencias despertaron su interés y compromiso en reducir brechas sociales.


Por eso, tras graduarse, trabajó en Aequales, una empresa de consultoría en equidad de género y diversidad laboral para diferentes países de Latinoamérica. Fue ahí donde comenzó a entrar en el mundo de la tecnología, pues diseñó varios productos tecnológicos y realizó investigaciones sobre la utilización de tecnologías emergentes para la diversidad en el entorno laboral. Fue entonces cuando identificó el impacto creciente de las tecnologías emergentes, especialmente la inteligencia artificial, en las desigualdades sociales, ya que estaban empezando a determinar el acceso a áreas como educación, salud y empleo, lo que la llevó a decidir profundizar en este campo mediante estudios de posgrado.


La maestría en Ética de la Inteligencia Artificial, Datos y Algoritmos le permitió integrar su formación en ciencias sociales con su interés por la tecnología, ampliando su perspectiva más allá del análisis de sesgos algorítmicos e incorporando preguntas sobre el desarrollo, uso, regulación e implicaciones sociales de estas herramientas. Durante su maestría se enfrentó a ser la única estudiante del sur global en el programa, lo que evidenció la distancia entre muchos debates académicos sobre el impacto social de la tecnología y el contexto latinoamericano. Esta experiencia orientó su investigación hacia la incorporación de perspectivas del sur global en las discusiones sobre gobernanza tecnológica.


Su frustración ante la falta de representación de perspectivas del sur global también la llevó a  los proyectos que está realizando actualmente: en conjunto con compañeros y compañeras de la maestría, creó la iniciativa Algorithmic Majorities Project, donde buscan construir futuros tecnológicos desde las experiencias de las mayorías globales y no únicamente desde los países y organizaciones que actualmente concentran el desarrollo tecnológico. El proyecto promueve conexiones entre organizaciones, movimientos sociales y personas investigadoras de distintas regiones para amplificar voces locales en los procesos de regulación y diseño tecnológico. Entre sus actividades destaca la organización de talleres sobre el impacto social y ambiental del crecimiento de centros de datos, con el objetivo de construir estrategias de solución y resistencia desde distintos países.


Actualmente también se desempeña como investigadora en el Center for AI and Digital Policy, donde participa en el programa AI Policy Clinic. En este espacio colabora con una red global de más de 300 personas investigadoras que analizan marcos regulatorios de inteligencia artificial en distintos países desde perspectivas de democracia, derechos humanos y estado de derecho. Este trabajo contribuye al informe anual del centro, que posiciona el avance de más de 80 países en materia de regulación y políticas públicas de IA.

De manera paralela, colabora con la organización colombiana Aulas en Paz, dedicada al diseño de programas para el desarrollo de competencias socioemocionales. Ahí participa en proyectos tecnológicos como el desarrollo de un chatbot para la prevención de violencia de género en parejas y en el diseño de currículos educativos que promueven una interacción segura y crítica con la IA desde edades tempranas. 


Uno de los proyectos de investigación del que se siente más orgullosa consistió en analizar un sistema algorítmico implementado en Argentina en colaboración con Microsoft que buscaba predecir qué niñas podrían enfrentar embarazos adolescentes en un plazo de cinco años. Su estudio examinó críticamente las implicaciones de este tipo de herramientas en términos de justicia reproductiva, autonomía y colonialismo digital, siendo éste un ejemplo de la problemática de adaptar los problemas sociales a soluciones tecnológicas en lugar de atender sus causas estructurales.


Lo que más le gusta del sector de la tecnología y política pública es su carácter interdisciplinario, ya que puede integrar diferentes perspectivas provenientes de áreas como ingeniería, derecho, ciencias sociales, humanidades, entre otras.


Como principales áreas de oportunidad, considera que existe mucho hype alrededor de la IA, lo cual hace que se tiendan a inflar las capacidades de la tecnología y se busca su utilización para todo. Esto lleva a que comiencen a ajustarse los problemas a la tecnología en lugar de ajustar la tecnología al problema y que se pierdan de vista las causas de la problemática principal. Asimismo, subraya que las comunidades más afectadas por los impactos tecnológicos suelen tener poca participación en su diseño y regulación.


Respecto a mujeres que admira en el sector, apunta a aquellas que han cuestionado la forma en que desarrollamos y pensamos la tecnología y que le han hecho frente a las grandes empresas tecnológicas. Por ejemplo, Timnit Gebru, ex investigadora de IA en Google que desató un debate sobre la ética de la IA tras publicar un estudio crítico sobre los riesgos de los modelos de lenguaje, y Emily Bender, profesora de lingüística y autora de escritos y libros con una perspectiva crítica de la IA. También admira a mujeres latinoamericanas que promueven alternativas más inclusivas y responsables de la IA desde la región, como Gabriela Ramos y Cristina Martínez Pinto.

 

Como recomendación para mujeres interesadas en este campo, las invita a involucrarse en el tema sin importar la disciplina de la que vengan. En un principio, ella sentía que provenir de una ciencia social como la psicología sería una barrera para entrar en el sector, pero ahora lo ve como algo positivo, pues le aporta una perspectiva distinta. En este sentido, explica que la tecnología va a tener un impacto en muchas áreas y por eso se necesitan voces y perspectivas desde todos los frentes, no solo desde la parte técnica: ciencias sociales, artes, humanidades, entre otras.


También recomienda conversar con personas que ya trabajan en este ámbito, no solo desde una lógica de networking, sino desde una curiosidad genuina por entender lo que está ocurriendo en un espacio que evoluciona con gran rapidez y genera una cantidad considerable de información, lo que puede resultar abrumador al inicio, pero sumamente satisfactorio una vez emprendido el camino. 


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