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Mujeres latinoamericanas en la política tecnológica. Parte 2.

Updated: Apr 19

Por: Cristina Martínez, Luz Elena González y Alejandra Glía Sánchez.


Latinas en Tech Policy tiene el objetivo de recopilar las experiencias de mujeres líderes en el ámbito de la Tecnología de Interés Público y las políticas de tecnología, para compartir su conocimiento sobre el campo laboral y las oportunidades que identifican en él. En esta segunda entrada conoceremos las experiencias de tres mujeres que buscan entender e incidir en cómo las tecnologías afectan la sociedad, a través de su trabajo en el sector público, think thanks y empresas de tecnología.


Elena Estavillo - CEO en Centro-i

“El internet es una herramienta que empodera a las mujeres, pero también nos puede volver vulnerables. Por eso, tenemos que tomar acción en las políticas digitales; para erradicar la violencia que se ejerce a través de las redes, porque esa violencia también nos expulsa del espacio digital”

Elena Estavillo, Fundadora y CEO de Centro-i, nos cuenta que su camino hacia las políticas de tecnología ha consistido en incorporar múltiples aprendizajes de distintas experiencias profesionales que ha tenido. En la Secretaría de Bienestar (antes SEDESOL), ella proveyó asesoría económica en temas de desigualdades y niveles mínimos de bienestar. En esta responsabilidad, colaboró con un equipo intersectorial con enfoque en telecomunicaciones en la tarea de llevar telefonía rural a los lugares más marginados de México. Ello presentó un gran reto debido a la complejidad técnica de los temas y, de esta manera, Elena fue interesándose y especializándose en el sector de telecomunicaciones y en particular en el impacto social positivo que las tecnologías pueden crear.

Tiempo después, trabajó en la Comisión Federal de Competencia, que se había creado a partir de la Ley de Competencia Económica en México (1993). En este encargo, Elena contribuyó a fomentar el sano desarrollo de puertos, carreteras e infraestructura de telecomunicaciones. Más adelante se unió a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, desde donde impulsó la primera Ley Federal de Telecomunicaciones en México, que planteaba un esquema de competencia, licitaciones abiertas y transparencia.

Desde entonces, Elena ha seguido de cerca la agenda de telecomunicaciones y, en paralelo, ha trabajado por reducir brechas de género aún persistentes en el sector. En el sector privado, fundó Aequum, una agencia de consultoría en los temas de su especialidad. En 2013, participó en la convocatoria pública del gobierno de México para convertirse en comisionada del que sería el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), cargo que ejerció hasta 2019. En 2021 fundó Centro-i para la Sociedad del Futuro, un think tank que busca producir investigación de alta calidad, sustentada en datos, que contribuya al debate público y a sensibilizar a tomadores de decisiones y agentes de cambio respecto a las transformaciones sociales provocadas por el ecosistema digital.

Siendo comisionada, fundó junto a otras especialistas, la red Conectadas, de mujeres líderes en telecomunicaciones, medios de comunicación y TIC. Desde mucho antes de la pandemia, Elena ha sido promotora del trabajo remoto, ya que le provee flexibilidad e independencia. Es una persona altamente curiosa, a quien le apasiona seguir aprendiendo de buenas prácticas internacionales, en particular en torno a la intersección entre ciencias del comportamiento y la tecnología. Cabe destacar que contribuye de forma voluntaria a organizaciones como Conectadas y Nosotras Tenemos Otros Datos. Trabaja por tener un equilibrio entre el tiempo que dedica a su trabajo y a su vida personal, pues considera que el entorno personal es lo más importante que debemos procurar.

Lo que más le gusta del mundo de la tecnología es su multidisciplinariedad, pues se puede abordar un fenómeno desde distintos puntos de vista y ángulos, a la vez que se aporta desde las fortalezas de cada persona. Elena reconoce que el sector va evolucionando y cambiando, lo que alimenta su curiosidad intelectual. También ha disfrutado la faceta de su trabajo en Derechos Humanos; es decir, en abordar el cómo afecta la tecnología a las personas, particularmente desde una perspectiva ética y de feminismo, pero también en su inclusión económica y social. Lo anterior desde el enfoque conductual; es decir, en cómo las regulaciones inciden en el comportamiento, lo que implica conocer sobre sesgos y asimetrías de información.

El consejo de Elena para las mujeres que están interesadas en las políticas de tecnología es que este campo presenta grandes oportunidades de desarrollo profesional, pues del sector saldrán los empleos mejor pagados en el futuro. Considera que hay muy pocas mujeres en el campo, aún cuando nuestra participación es indispensable para crear plataformas digitales incluyentes que sirvan a más mujeres, que sean resilientes y sostenibles en el largo plazo y que funcionen como palanca para cerrar las brechas y generar un desarrollo responsable. Remarca que las mujeres que decidan incursionar en el sector no estarán solas pues “nos ayudamos entre nosotras”. Aconseja no temer a ambientes que se perciben como masculinos; al final, tener más mujeres ayudará a que los espacios se vuelvan cada vez más inclusivos para nosotras.


Claudia May Del Pozo - Directora Ejecutiva en EON Resilience Lab de C Minds

“Si quieres aportar al mundo de la tecnología, contempla las diferentes maneras en que puedes trabajar en este campo. No tienes que ser una coder, puedes estudiar políticas públicas o filosofía; en realidad lo que a ti te interese puede sumar”

Claudia nos cuenta que fue muy afortunada en su trayectoria hacia el mundo de las políticas de tecnología. Siempre tuvo un gran interés en temas como sistemas, programación y matemáticas; sin embargo, ella estudió negocios. Fue en una práctica profesional con IBM Alemania en donde descubrió el potencial de la tecnología para generar impacto, así como lo poco que se hablaba de esto. Algunos años más tarde, Claudia llegó a C Minds, organización liderada por mujeres jóvenes que busca explorar el impacto de las nuevas tecnologías en el desarrollo económico y social de Latinoamérica.

En C Minds, su día a día consiste, en primer lugar, en la gestión de socios y proyectos de alto impacto. Esto involucra tareas que parecen simples pero que en realidad pueden tener distintos grados de complejidad, como llevar la relación con aliados de forma colaborativa, resolver problemas, asegurar que todo se haga conforme a tiempos establecidos y alineado a un plan de trabajo y lidiar con los retos que surgen sobre la marcha. En segundo lugar, sus responsabilidades consisten en trabajar mano a mano con mujeres jóvenes y formar a una nueva generación de líderes en el sector. En C Minds, la mayor parte del equipo se conforma por mujeres; Claudia las acompaña y trabaja en ayudarlas a crecer personal y profesionalmente, con un enfoque especial en el desarrollo de soft skills y herramientas para ser exitosas en un ecosistema con predominio de hombres.

Para Claudia, el haber crecido con ejemplos de mujeres exitosas como modelos a seguir ha tenido un impacto en cómo aborda su carrera profesional. Ella encontró estos modelos en personajes ficticios como Jo March de Little Women, quien hacía y siempre lograba lo que se proponía; también le inspira el liderazgo de Jacinda Ardern, Primer Ministra de Nueva Zelanda y Alexandria Ocasio-Cortez, Integrante de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Para Claudia, ambas son mujeres fuertes e inteligentes, quienes ejercen un nuevo tipo de liderazgo al que ella aspira, poniendo al frente y al centro la empatía y justicia. Otras mujer con estas mismas convicciones, y a quien Claudia admira y de quien ha aprendido mucho es Constanza Gómez Mont, la fundadora de C Minds, ya que considera que tiene habilidades interpersonales excepcionales; es alguien que logra crear una visión plural en diferentes temáticas y reunir al ecosistema para avanzar hacia un futuro más justo.

En cuanto a áreas de oportunidad dentro del sector, considera que si bien hay más mujeres en temas de políticas públicas, en áreas de desarrollo de tecnología la mayoría son hombres. En un contexto así, es necesario no sólo tener conocimiento técnico, sino también carisma; pues es la puerta que abre oportunidades para que la gente escuche lo que tienes que decir. Otra área de oportunidad es la necesidad de sumar a personas con formación más diversa fuera de STEM, como lo es la filosofía, relaciones internacionales, psicología y sociología, por mencionar algunos ejemplos. Claudia recomienda a las mujeres darnos cuenta del gran valor que la experiencia en estos campos puede aportar al sector de la tecnología, al brindar la habilidad de conectar los dos mundos, social y técnico. Una tercera área de oportunidad que identifica tiene que ver con la manera en que las empresas del sector publican las vacantes, ya que es importante que el lenguaje que se use sea atractivo también para las mujeres.

A las mujeres que busquen incursionar en el campo de las políticas de tecnología, Claudia les aconseja trabajar en el desarrollo de soft skills, por ejemplo, para aprender cómo manejar un grupo de forma inclusiva, así como a explorar diferentes maneras de entrar al ecosistema tech desde carreras que no tienen un enfoque explícito en tecnología. Considera importante generar más conciencia en torno a la necesidad de contar con habilidades provenientes de las ciencias sociales en el equipo encargado de sistemas tecnológicos, así garantizando un desarrollo y/o uso responsable y, a su vez, el éxito durable del proyecto o emprendimiento. Es también crucial el crear conexiones con personas de las que se puede aprender habilidades que se desean tener. Para Claudia, la mejor manera de generar soft skills es trabajar con otras colegas que las tienen.


Andrea Escobedo Lastiri - Líder del área de Asuntos Regulatorios y con Gobierno en IBM

“El reto es darnos cuenta que los esquemas de formación continua llegaron para quedarse. Es muy importante que las mujeres tengan condiciones para poder seguir actualizando, formando y adquiriendo habilidades que les permitan acceder a mejores oportunidades de desarrollo económico; y que no sean sólo consumidoras de tecnología, sino que puedan contribuir al desarrollo tecnológico desde su creatividad, curiosidad y diversidad de experiencias de vida.”

Andrea es Licenciada en Relaciones Internacionales con una maestría en Ciencia Política. Cuenta con experiencia laborando en el sector público, en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la antes Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) y la Secretaría de Gobernación (SEGOB); así como en organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Como Asesora para el Subsecretario para América del Norte, estuvo a cargo del desarrollo de una app para consulados que podía ser usada por mexicanos en el exterior, con el objetivo de contrarrestar la desinformación que pudiera existir como resultado de la reforma migratoria. Esta app funcionaba como un repositorio de información, que luego evolucionó para incluir un botón de pánico para comunicarse con los consulados en caso de emergencia. También participó en el desarrollo de contenidos educativos virtuales para personas diplomáticas. Proyectos como éstos le permitieron explorar cómo puede usarse la tecnología para facilitar servicios públicos en alianza con sociedad civil y academia.

En 2014, Andrea decidió dar un salto en su carrera, tomando la decisión de poner en pausa su vocación pública para explorar otras posibilidades profesionales. Así, entró a IBM, donde trabaja desde entonces. Para ella es importante colaborar en una empresa que está comprometida con temas de diversidad, inclusión y desarrollo tecnológico ético, por lo que disfruta mucho vincularse con expertas y expertos técnicos y comerciales, sirviendo de enlace para alinear prioridades comerciales de la empresa, ancladas en los retos de México para utilizar las tecnologías en beneficio de la sociedad.

Un día en el trabajo de Andrea implica apropiarse de nuevos conceptos a través de la lectura y la escritura, para poder compartirlos después en espacios de diálogo multisectoriales. Moderar paneles y espacios de cooperación le permite escuchar y aprender de los actores de México y el mundo; colegas con los que se relaciona para generar una red de intereses comunes, mediante la cual puede fortalecer sinergias. Para ella, este relacionamiento es crucial para poder avanzar en temas de transformación digital e incidencia del sector privado.

Andrea percibe que el sector de educación continua en STEM es importante para el acceso a oportunidades en un país con vínculos comerciales importantes con Estados Unidos y Canadá. La adaptación de los esquemas de formación continua puede ser una herramienta para extender mayores opciones a las mujeres para participar como desarrolladoras de tecnología, no solamente como consumidoras.

Dentro de IBM se ha encontrado con ejemplos a seguir espectaculares. Recuerda a una líder de Cómputo en la Nube, a otra ejecutiva de Inteligencia Artificial y a directoras de Planta que estaban dispuestas a compartir su experiencia técnica con ella. La oportunidad de hablar de temas complejos con honestidad, así como tener espacios para preguntar, representaron una gran satisfacción profesional. Al mismo tiempo, conocer experiencias de colegas hombres que balancean sus vidas profesionales y familiares para ejercer una paternidad responsable, le han demostrado que existe convicción para lograr la equidad en las tareas del hogar.

Andrea recalca que no es necesario tener experiencia en tecnología para participar en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Para ella las TIC son una caja de herramientas que pueden potenciar la agencia, la capacidad de decisión y la ambición de las personas. Aprender a programar es una excelente habilidad, pero no es esencial. Las tecnologías digitales son mucho más horizontales y democratizan la capacidad de participar; están ahí no sólo para que las mujeres las consumamos, sino para desarrollar contenidos y hacer preguntas complejas desde diversas áreas del conocimiento.

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