• PIT Policy Lab

Las posibilidades de la Realidad Virtual y la Realidad Aumentada para el Interés Público

Contenido por: Eduardo Zamudio, Georgina Hernández, Miguel Ángel Méndez, Nitza García y Patricia Villarruel

Editado por: Luz Elena González, Asistente de Proyectos en PIT Policy Lab


Aunque podrían llegar a confundirse, la Realidad Virtual y la Realidad Aumentada son términos distintos. Por un lado, la Realidad Virtual (RV) es la proyección o simulación de ambientes y mecanismos sensoriales a través de sistemas de cómputo que permiten a las personas usuarias activar sus sentidos e interactuar como si estuvieran en un entorno real. Como su nombre lo indica, la RV no sólo visualiza, sino que interactúa con las imágenes. Existen dos tipos de RV inmersiva, cuando se emplean sistemas que proporcionan un efecto más realista, a través de cascos, guantes, sistemas de rastreo, y retroalimentación táctil; y los no inmersivos, cuando el participante explora estos ambientes a través de ratones, teclados y bocinas. Por otro lado, se encuentra lo que llamamos Realidad Aumentada (RA), la cual es una tecnología que complementa la percepción e interacción con el mundo real y permite al usuario estar en un entorno aumentado con información generada por una computadora, como el juego de Pokémon Go.


Podemos definir el propósito de la RV y la RA como la búsqueda del “Ultimate Display”, como lo planteó Ivan Sutherland en 1965. Para el autor, dicha tecnología permitiría copiar la realidad a través de los sentidos, permitiendo que las personas usuarias trasciendan sus límites físicos. Así, los simulacros con los que interactuamos se sentirían reales al ampliar el espectro de nuestra libertad de acción más allá del entorno físico inmediato. De esta forma, llegaríamos a ejercer la trascendencia física en ambientes tan idénticos a la realidad que abrirían la puerta a espacios imaginados.


El avance de las tecnologías de RV y RA nos permite interactuar con ambientes idénticos a los que habitamos, o completamente diferentes, pero que podrían ser percibidos como reales gracias a la capacidad de simular imágenes y controlar la respuesta a leyes físicas en tiempo real. Antes, estas interacciones estaban estrechamente relacionadas con aparatos tecnológicos diseñados específicamente para crear las simulaciones. Hoy en día, los mismos aparatos que utilizamos de forma cotidiana, como los smartphones y las consolas de videojuegos, tienen la capacidad de generar ambientes virtuales.


Es importante destacar que estas tecnologías no han sido desplegadas en la misma escala entre las diferentes industrias y regiones del mundo, pero existen casos de éxito que sientan la base para su incorporación en los negocios, la publicidad, el turismo y la educación, entre otros ámbitos. Por ejemplo, Ford Reality Check es una estrategia entre Ford, Google y el estudio Happy Finish, que consiste en una aplicación que busca concientizar acerca de los peligros de las distracciones al volante y sus implicaciones en la seguridad vial de las personas pasajeras. Por otro lado, la cadena de Hoteles Marriot se alió con Samsung para lanzar el servicio de Vroom Service, que permite que las personas huéspedes “viajen” a diferentes destinos, usando el Samsung Gear VR. Asimismo, la marca sueca de muebles y decoración, IKEA, lanzó en 2013 una aplicación de RA para probar su catálogo de muebles en los espacios reales de casas y negocios de posibles clientes. Esta aplicación evolucionó y se mejoró con el lanzamiento de IKEA Place, que permite visualizar los muebles con un 98% de precisión. De forma similar, la marca cosmética, L’Oreal, colaboró con Perfect Corp para desarrollar la aplicación YouCam Makeup, que permite a las personas probar los productos de belleza en su rostro sin aplicarlos de forma física, a través de tecnología de reconocimiento facial.


Ahora bien, los ejemplos anteriores reflejan la innovación con RV y RA en el sector privado, como servicios. Más allá de atraer y entretener a posibles clientes, desde la perspectiva de Tecnología de Interés Público hace falta preguntarnos, ¿cómo aprovechamos estas tecnologías para el bien común?


En cuanto a la RA, esta puede contribuir al sector educativo, a través de la mejora de experiencias de docentes y personas alumnas. Algunos ejemplos son los libros 3D, que combinan texto con imágenes tridimensionales; o en el campo de la salud donde la RA permite que médicos puedan atender y tratar a sus pacientes a kilómetros de distancia. La arquitectura también es un área de interés, pues las personas profesionales pueden presentar propuestas detalladas y realistas sobre las construcciones, al mismo tiempo que les permite mantenerse conscientes sobre posibles peligros y necesidades específicas para construir de forma resiliente. La RA también ha sido utilizada en el entrenamiento de personal de protección civil, a fin de fomentar la toma de decisiones en entornos complejos, para reducir riesgos de equivocaciones e inexperiencia.


A pesar de la posibilidades de aplicación de estas tecnologías para el bien público, su despliegue todavía no está generalizado, en parte por los altos costos de producción, poca competitividad y carencia de incentivos educativos para su desarrollo. En México, esta situación se puede rastrear hasta los retos que enfrenta un sector educativo desactualizado, los pocos incentivos fiscales para el desarrollo de nuevas tecnologías y la falta de políticas públicas que construyan sobre una agenda de innovación tecnológica para el interés público.


Uno de los posibles caminos de política pública que podemos seguir en el país para habilitar el desarrollo de RA y RV es crear un sistema educativo integral, que permita un cuantioso uso de medios tecnológicos. Para ello, será necesario el involucramiento de actores como la Secretaría de Educación Pública, a niveles federal y estatales, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la iniciativa privada, el sector académico y el sector social, este último con un importante rol como observador y mediador del impacto de las nuevas tecnologías en las personas.


Para aprovechar estas tecnologías se requerirá de acciones específicas como la formulación de una normatividad que garantice el uso adecuado de éstas, con atención a la generación de políticas integrales e incluyentes en los tres sectores, que protejan el bienestar de la personas usuarias y habiliten el desarrollo tecnológico. De ahí, la socialización de la RA y RV desde los procesos educativos generará mayor cercanía entre las personas, las tecnologías emergentes y su uso responsable.


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