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Vehículos autónomos: ¿Hacia dónde nos lleva la tecnología?

Updated: Oct 4

Contenido por: Veronica Alessio Robles Cerda, Cesar Augusto Cíntora Ordóñez, Reyes Eliud Cíntora Ordóñez, Miguel Ángel García Ahedo y Mariana Muciño García.

Editado por: Ana Regina Nájera, Pasante de Comunicaciones y Proyectos en PIT Policy Lab.


El presente y el futuro en el mundo automotriz se unen con el surgimiento de los vehículos autónomos y conectados (CAVs por sus siglas en inglés). Con ellos, se crean nuevas y emocionantes maneras de transportarnos. Sin embargo, esta innovación pone en la mira varios cuestionamientos: ¿Cómo pueden afectar estas tecnologías la forma de viajar de las personas? ¿Cuál será el costo de oportunidad de las personas al momento de manejar? ¿Cómo se altera el consumo de combustibles fósiles y otras fuentes de energía?


Históricamente, la primera presentación de un vehículo autónomo fue hecha por Norman Bel Geddes en la feria de muestras Futurama, patrocinada por General Motors para la Exposición Universal de 1939. El prototipo consistía en un vehículo eléctrico que era controlado por un circuito eléctrico. Décadas después, en agosto de 2016, una empresa filial del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés) desarrolló el primer taxi autónomo en Singapur. Su larga historia en desarrollo requiere que definamos qué es un coche autónomo y cómo es su funcionamiento.


Los vehículos autónomos son aquellos que poseen sistemas informáticos necesarios para imitar las capacidades humanas en términos de conducción, tanto para el manejo como para el control del mismo. Por lo que precede, se consideran vehículos autónomos a aquellos que no necesitan conductor. Es decir, esto implica que el vehículo puede detectar su entorno, así como controlar sus movimientos sin la intervención humana basándose en algoritmos. No obstante, este concepto continúa evolucionando. Además, existen varios niveles de conducción autónoma. En cuanto al funcionamiento, como se mencionó anteriormente, los CAVs tienen la capacidad de percibir el entorno en el que se encuentran. Al analizarlo, se aplican las técnicas de conducción, por lo que los usuarios lo único que tienen que hacer es elegir el destino al que quieren dirigirse. Es así como la conducción manual y hecha por los humanos pasa a segundo plano y deja de ser indispensable.


Ahora bien, ¿cuáles son las técnicas de reconocimiento del entorno empleadas? La Inteligencia Artificial (IA) utilizada en estos vehículos cuenta con algoritmos de reproducción cartográfica del terreno, haciendo que el avance del CAV sea lo más “normal” y parecido al que realizaría un conductor de manera manual. Es importante mencionar que, debido a este reconocimiento de la información del entorno, se pueden interpretar las señales de tráfico y reconocer obstáculos, así como detectar la presencia de otros vehículos o peatones. Todo el hardware del vehículo puede estar conectado a “la nube” mediante la tecnología LIDIAR (LDR en inglés). Este tipo de tecnología utiliza pulsos de ondas láser- luz amplificada por la estimulación de la radiación- para generar una representación 3D del ambiente. LIDIAR, con base en los algoritmos programados, se enlaza con el GPS del vehículo y la visión por computadora, dando como resultado que el CAV interprete esos datos en tiempo real. Consecuentemente, el vehículo envía estos datos a la nube, donde se procesan los modelos de aprendizaje automático de cada automóvil.


Ahora bien, es importante mencionar que la autonomía de los CAVs puede ser categorizada. La Sociedad de Ingenieros Automotrices ha creado 6 niveles para categorizar los vehículos autónomos.

  • Nivel 0: significa que no hay ninguna autonomía, por lo que el conductor humano es completamente responsable de todas las tareas de conducción.

  • Nivel 1: incluye algunas características de asistencia al conductor, como asistencia para mantener el carril o control de crucero adaptativo. Sin embargo, el automóvil sólo puede realizar una tarea a la vez.

  • Nivel 2: se refiere a una automatización parcial. Con este nivel, el automóvil puede combinar dos o más tareas automatizadas como dirigir y acelerar a la vez. No obstante, incluso en estos casos, el conductor sigue teniendo el control principal del vehículo.

  • Nivel 3: es la automatización condicional, es decir, el automóvil es capaz de conducir del punto A al punto B sin intervención humana, pero únicamente en determinadas ocasiones. El conductor aún debe estar listo para hacerse cargo en cualquier momento debido a que el mismo sistema le solicitará al conductor hacerlo en situaciones críticas.

  • Nivel 4: se refiere a una alta automatización. El vehículo se considera completamente autónomo en la mayoría de las condiciones de conducción; sin embargo, no en todas. En general, el automóvil podrá conducirse solo y sin solicitar la intervención humana para completar el viaje. No obstante, el automóvil sólo funcionará en áreas geo-cercadas y no necesariamente funcionará en ciertas condiciones climáticas.

  • Nivel 5: es la automatización completa donde el coche puede funcionar por sí solo en todas las condiciones de conducción. Puede ser posible que no haya volante o pedal de freno en el vehículo. [1]


La automatización de los vehículos se presenta como una innovadora y atractiva alternativa a nuestro modo de transporte actual. Sin embargo, ¿cuáles serían los posibles impactos negativos? En primer lugar, el nivel más alto de automatización implica que el humano no puede intervenir ante el surgimiento de problemas. Las máquinas y las tecnologías más sofisticadas son creadas y desarrolladas por personas; en virtud de lo anterior, no es una ciencia exacta o perfecta. Habrá errores y, al carecer de los medios necesarios para la conducción (como el volante y los pedales), la intervención humana será nula ante un problema o inconveniente. En segundo lugar, imaginemos que, debido a una falla en el sistema, ocurre un choque; al momento de acudir con el seguro: ¿quién sería el culpable?, ¿qué coche autónomo ha fallado? El desarrollo de los CAVs se enfrenta a los dilemas éticos de su uso y de nuevos modelos para asignar responsabilidades entre productores y personas usuarias.


En algunas regiones del mundo, los CAVs ya han generado cierta polémica. Por ejemplo, en Estados Unidos, a numerosas personas conductoras no les gusta la idea de tener que compartir vialidades con coches autónomos de prueba. De acuerdo con una encuesta realizada por Harvard y la Asociación Americana del Automóvil (AAA) entre el 43% y el 53% se sentían menos seguros al tener los vehículos de prueba en la carretera.[2] Por otro lado, aunque la plataforma Uber operaba con algunos vehículos autónomos en las ciudades estadounidenses de Pittsburgh y San Francisco desde 2016, la empresa suspendió el servicio con autos autónomos por el fallecimiento de una mujer atropellada en Arizona a principios de 2018. De hecho, en el año de 2020, la plataforma vendió la unidad de vehículos autónomos por 4 mil millones de dólares a la empresa Aurora, toda vez que la primera reportó pérdidas por valor de $5,799 millones de dólares entre enero y septiembre de 2020.


No obstante, los posibles impactos positivos que genera esta tendencia son varios. En primer lugar, si las empresas que producen CAVs continúan perfeccionando sus técnicas, los coches autónomos pueden ser una fuente de tecnología que salva vidas. Aproximadamente 1,3 millones de personas mueren en accidentes automovilísticos en todo el mundo cada año. El 90% de los accidentes automovilísticos se deben a errores humanos, por lo que los vehículos autónomos podrían eliminar la fuente clave del error humano, ya que no cabrían errores de juicio, generando la posibilidad de salvar 29,447 vidas al año al reducir los accidentes de tráfico. De hecho, el proyecto de los fabricantes contempla que la tecnología estará probada y no incumplirá las normas de conducción, como excesos de velocidad, adelantamientos peligrosos, superar la tasa de alcoholemia, entre otras. Por otro lado, los vehículos autónomos pueden proporcionar una movilidad sin precedentes para que personas con discapacidad puedan ingresar a la fuerza laboral. El mejor ejemplo es el proyecto de Toyota “Movilidad para todos” (Mobility for all, por su nombre en inglés) que plantea que adultos mayores y seres humanos con movilidad o visión reducida no tengan inconvenientes para llegar a sus destinos; a través del desarrollo de productos de movilidad, incluyendo CAVs, la empresa busca llenar el vacío de atención en soluciones de movilidad personal.


En el largo plazo, con la utilización en masa de los autos autónomos, nuestras comunidades se someterán a un enorme rediseño. En algunos casos, no habrá necesidad de extensos estacionamientos y estacionamientos subterráneos, generando una mayor área de oportunidad en el aprovechamiento de los espacios urbanos. Además, se reducirá el tráfico en las ciudades debido a que la conducción será eficiente, agilizando los medios de transporte como camiones y autobuses inteligentes. Otro de los cambios importantes que generarán los CAVs va de la mano con el compromiso medioambiental, ya que la mayoría de los coches autónomos se moverán con energías alternativas y poco contaminantes.


En cuanto a políticas públicas, queda mucho por hacer. Los marcos regulatorios a nivel nacional e internacional deberán ser modificados, adaptándose a las necesidades que surgirán por el uso de vehículos autónomos. Por otra parte, se deberán modificar también las pólizas de seguros, crear carriles confinados y leyes de tránsito con normativas internacionales. Si tenemos el objetivo de poblar nuestras ciudades y carreteras con CAVs en un futuro no muy lejano, basándonos en las oportunidades y beneficios que éstos presentan, es momento de poner manos a la obra para reducir sus riesgos y costos sociales asociados, pues aún no hemos superado la primera barrera de implementación segura. Queda mucho por mejorar y pulir en cuanto a funcionalidad para prever escenarios indeseables y dilemas éticos que guíen la toma de decisiones en un contexto de responsabilidad y cuidado de las personas.

FUENTES:

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